
Tiene ideas, pero prefiere quedarse callado en clase o frente a otras personas por miedo a equivocarse o ser juzgado.
Le preguntas cómo estuvo su día, qué le preocupa o qué quiere hacer, y recibes un «bien», «no sé» o simplemente silencio.
Cuando algo no le sale como esperaba, se desanima, abandona o evita nuevos retos por miedo a fallar.
Para cumplir sus responsabilidades, tomar decisiones o terminar lo que empieza. Te preocupa que todavía dependa tanto de ti.